La iglesia “delirium trémens”

deliriumGeneralmente, se le llama “delirium trémens” o “delirio tembloroso” al síndrome de abstinencia del alcohol que en su tercera y última fase, la más aguda, causa confusión, ideas e ilusiones extrañas, una conducta psicótica que incluso puede producir la muerte. De forma irónica, estos síntomas no solo aparecen en personas que tienen dependencia del alcohol, también suelen presentarse en personas con un odio manifiesto a Dios. Permítanme que me explique y les cuente la siguiente historia:

Anatoli Lunacharski (1875-1933) fue un crítico literario y político comunista ruso defensor de la unión del marxismo con la religión. Como en los “buenos tiempos” de Saulo (Hechos 8:3) Lunacharski dedicó gran parte de su vida en perseguir e intentar exterminar a la Iglesia, pero el hecho más surrealista y delirante de este obstinado ateo es el que desempeñó en enero de 1918, el llamado “Juicio del Estado Soviético contra Dios”, una tremenda ilusión iconoclasta.

Como comisario de Instrucción Pública de Lenin estableció en Moscú un tribunal popular para poder juzgar a Dios por sus “crímenes contra la humanidad”. En el banquillo de los acusados se colocó una Biblia e incluso los defensores designados por el Estado soviético (para que todo fuera “legal”) solicitó la absolución del “difamado reo” alegando que el Todopoderoso “padecía una grave demencia y trastornos psíquicos”, no siendo responsable de lo que se le acusaba.

El 17 de enero de 1918, a las 6:30h el tribunal declaró finalmente “culpable” a Dios de genocidio. Lunacharski leyó la sentencia: “Dios sería fusilado disparando varias ráfagas al cielo de Moscú”.

“La religión es como un clavo. Cuanto más se lo golpea en la cabeza, más penetra” dijo Anatoli Lunacharski en 1923, diez años antes de su muerte cuando se dirigía a ocupar su cargo en la embajada de España.

Cabe preguntarse legítimamente: ¿De dónde sale tanto odio, aversión y aborrecimiento no solo contra Dios y la religión, sino también hacia los creyentes? ¿Cuál es su origen? ¿Cuál es su semilla? Pienso que, ante posturas irreconciliables, lo más normal y sensato sería que el ateo vaya por su lado y los creyentes por otro; viviendo cada cual su tema en cuestión en paz y sin confrontación alguna. Pero esto no ha sido así, posiblemente debido a tres factores clave, según mi opinión:

  1. Fanatismo e intolerancia religiosa (atentados 11 de septiembre).
  2. Argumentos morales, éticos y dogmáticos (homosexualidad, por ejemplo).
  3. Intereses científicos, económicos y políticos (clonación, eutanasia, etc.).

De estos tres elementos brotan individuos amparándose en su inexacta ciencia y justifican su ateísmo manifestando que Dios no es necesario para vivir; que los únicos valores y credos posibles hoy día son el consumismo, el materialismo y el placer; en fin el hedonismo, el epicureísmo y el sibaritismo en su más alto grado. Con su “fe atea” intentan quitar al cristianismo de en medio, pues son brillantes polemistas y han logrado convertir su ateísmo en un fenómeno social organizándose incluso alrededor de “iglesias ateas”. Para que se hagan una idea, ya existe un proyecto para construir un gran templo al ateísmo de más de 45 metros de altura en el mismísimo corazón financiero de Londres propuesto por el escritor y filósofo suizo Alain de Botton. Sus diseñadores quieren que cada centímetro del interior de la torre represente un millón de años e ilustre la presencia del hombre en el planeta, que en el exterior se inscriba un código binario que indique la secuencia del genoma humano y que las paredes incorporen fósiles y elementos de interés geológico, regresando de nuevo al positivismo de Auguste Comte y Francis Bacon, portadores de la razón y la ciencia como única guía. No me negaran que el propósito es tremendamente delirante, más aún cuando otro radical y visceral ateo llamado Richard Dawkins manifiesta que dicho proyecto es “una total contradicción”.

Continuando irónicamente con alucinaciones y disparates surrealistas estos “nuevos ateos” no solo defienden su “fe atea” en sus “iglesias ateas”, sino que además disponen de su propia “biblia atea” también llamada The Good Book (El Buen Libro). Dicho texto es una mezcla, en un solo tomo, de la sabiduría y filosofía clásica griega, confucionismo y descubrimientos de la ciencia moderna. En lugar de los Diez Mandamientos (Éxodo 20), sus principios ateos son: “Ama bien, busca lo bueno de todas las cosas, no dañes a otros, piensa por ti mismo, asume tu responsabilidad, respeta la naturaleza, da lo mejor de ti, infórmate, sé bondadoso, sé valiente”. Su autor, el filósofo británico AC Grayling, manifiesta que “la modesta proposición de The Good Book es que existen tantas buenas maneras de vivir como gente con el talento para hacerlo, y que la gente debe asumir su responsabilidad de pensar por sí misma y tomar esa decisión también por sí misma”. ¡¡¡Barra libre de sincretismo y relativismo para todos!!!

Como hemos visto, la piedra angular del nuevo ateísmo no es Jesucristo precisamente. Su único argumento se basa en atacar a Dios y a la religión en general y al creyente en particular, tachándolo de ignorante y supersticioso, que debe ser aniquilado frente a la auténtica sabiduría de la ciencia, el único absoluto válido para ellos que, por otra parte, está restringida al campo de la observación y la experimentación. ¡¡¡Otro dislate y quimera!!!

Sin embargo, Cristo sigue amando a estas personas aunque ellos insistan en rechazarle. Yo desde estas líneas les tiendo la mano citando las palabras del apóstol Pablo a Timoteo, con la esperanza de que se arrepientan y se vuelvan a Dios:

“Si alguno enseña otra cosa, y no se conforma a las sanas palabras de nuestro Señor Jesucristo, y a la doctrina que es conforme a la piedad,  está envanecido, nada sabe, y delira acerca de cuestiones y contiendas de palabras, de las cuales nacen envidias, pleitos, blasfemias, malas sospechas,  disputas necias de hombres corruptos de entendimiento y privados de la verdad, que toman la piedad como fuente de ganancia; apártate de los tales” (1 Timoteo 6:3-5).

D.I.E

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