Un evangelio “hipster”

MastLa palabra inglesa “hipster” significa básicamente “inconformista”. La cultura “hipster” se asocia a jóvenes despreocupados y bohemios que tienen en común gustos por lo alternativo e independiente, muy al estilo “vintage” de los años 40 o 50. Hoy día, podemos ver a estos jóvenes, evolución del gafapasta, en los barrios céntricos de las ciudades, escuchando música indie, practicando deportes urbanos, vistiendo de forma extravagante, consumiendo comida orgánica y bebiendo cerveza. Pero si algo les caracteriza en su aspecto, es por romper con la tendencia metrosexual y el culto al cuerpo (les gusta la belleza natural) pero sobre todo, su distintivo insignia, son sus pobladas barbas como antaño las lucían nuestros bisabuelos. Hoy, esto es lo más “cool” (guay).

Le cuento esto, querido lector, porque los hermanos veinteañeros Rick y Michael Mast han sido hasta hace poco famosos por el extraordinario producto que vendían: un chocolate de máxima calidad y gran pureza (a precio de oro, por cierto), portando dicha moda “hipster”. Sus tabletas de chocolate figuran entre las mejores del mundo y sus tiendas en Brooklyn, Londres y Los Ángeles destilan minimalismo, trabajo fino, artesano y ecosostenibilidad por todos sus poros.

Pero en realidad, los hermanos Mast y su producto han resultado ser un fraude. Un reputado bloguero (DallasFood.org) ha descubierto el engaño, como ya lo hizo en otra ocasión con la chocolatera de lujo Noka. Resulta, según parece, que la materia prima con la que trabajaban no procedía ni del Perú ni del Caribe como afirmaban; solo es pasta refundida de chocolate mediocre traído de Europa. Se les conoce ahora como los ‘Milli Vanilli del chocolate’. Son impostores, solo marketing y fachada; hasta sus decimonónicas barbas han resultado ser mentira.

Pero vamos ahora al grano, a lo que de verdad nos interesa. Trasladando esta historia al cristianismo, a la Palabra de Dios y a la iglesia en general, pregunto: ¿estamos siendo influidos por esta ‘moda inconformista’? ¿estamos trabajando con otra materia prima que no sea el evangelio de nuestra salvación? Jesús reprendió a los escribas y fariseos porque enseñaban como doctrinas, mandamientos de hombres (Mateo 15:1-9), ¿no estaremos nosotros haciendo lo mismo con el evangelio? Digo esto porque últimamente he escuchado afirmaciones como: “Evangelizamos a través de la música; a través de donaciones de alimentos, ropa, dinero, etc.; a través del deporte…” Pero, ¿la fe no viene por el oír, y el oír, por la Palabra de Dios? (Romanos 10:17). Creo firmemente que si estas acciones o eventos no van priorizadas –nótese que digo priorizadas y no solo acompañadas– de la Palabra de Dios, flaco favor le estamos haciendo a nuestra fe en general, y a la persona en cuestión en particular; pues la estamos confundiendo, más que evangelizando, según mi humilde opinión.

En menos de uno o dos años atrás, he podido observar a iglesias cuya adoración y culto se transformaba prácticamente en una discoteca, a lo Hillsong rústico y paleto, donde primaba el sonido y la música instrumental por encima de las voces de alabanza al Señor; donde las Biblias, con el paso del tiempo, casi han sido sustituidas por partituras; donde las escuelas dominicales están vacías o son inexistentes y donde las predicaciones expositivas de la Palabra han caído, dolorosamente, en el olvido.

¿Acaso el evangelio, la Palabra de Dios, las Escrituras han pasado de moda y hay que aliñarlas con otros ingredientes para que sea efectiva hoy? ¿Acaso miente el apóstol Juan, cuando nos anima a buscar e investigar en las Escrituras porque en ella tenemos la vida eterna? (Juan 5:39) ¿Acaso nos engaña el apóstol Pablo, cuando nos dice que el evangelio es poder de Dios para salvación? (Romanos 1:16) ¡¡¡Claro que no!!! Detrás de las abundantes y puntiagudas barbas del evangelio “hipster” solo encontraremos un evangelio de fachada y marketing, parecido al ‘chocolate de primera calidad’ que vendían (y siguen vendiendo) los hermanos Mast. Un evangelio edulcorado y adulterado; mezclado y falseado.

El apóstol Pablo tenía una especial preocupación por esto, por ello avisaba de que no hay otro evangelio diferente; y si alguien anunciara otro, sea censurado y reprobado (Gálatas 1:6-10). Siempre he estado de acuerdo con las palabras del ‘príncipe de los predicadores’, Charles H. Spurgeon. Él decía que “la Verdad es como un león, no necesita ser defendida, no hay más que dejarla libre y se defenderá sola”. Sin embargo, creo que en estos últimos tiempos viene bien echarle una mano. Lástima…

D.I.E

 

 

 

 

 

 

 

Esta entrada fue publicada en Articulos. Guarda el enlace permanente.