La iglesia ‘supernova’: una iglesia en colapso

iglesia_supernovaLos expertos en Astronomía llaman ‘supernova’ a una estrella que explota y libera una enorme cantidad de energía. Al explotar, su brillo es tan intenso que hace palidecer al resto de las galaxias. Sin embargo, su destello va apagándose poco a poco hasta desaparecer totalmente. Se trata de estrellas que ya no pueden desarrollar reacciones termonucleares en su interior, en su núcleo, y por tanto son incapaces de sostenerse de tal manera que terminan colapsando y expulsando casi todo el material del que están constituidas.

En mi corto trayecto cristiano (aproximadamente unos 10-12 años) he podido descubrir iglesias con brío y garbo, con ímpetu, decididas, con energía, con marcados rasgos de la iglesia del primer siglo (Hechos 2:44-47). Espiritualmente hablando, son cálidas y ardientes. Con sus problemas, por supuesto, pero que solucionan en unidad y armonía familiar. Siempre me ha llamado la atención que, en este tipo de iglesias, al terminar el culto los creyentes no se van a sus casas, sino que se esperan unos a otros en la entrada y comentan la predicación, charlan sobre sus vidas o comienzan a organizar algún nuevo evento ¡No tienen prisa por irse de allí!

Por otro lado, también he tenido la oportunidad de conocer iglesias con menos arranque y donaire; más bien están enfermas, espiritualmente anémicas, “ni frías, ni calientes” (Apocalipsis 3:15-16). En general, sus fieles están más atentos y centrados en la ley que en la gracia, como los “gálatas insensatos” (Gálatas 3:1-5). Tienen en común su puntualidad tanto para llegar al culto como para salir de allí disparados, una vez ‘cumplido el protocolo’. Sigo orando por éstos, mis hermanos.

Miro el reloj. Son más de las dos de la madrugada y mi alma llora amargamente. No logro conciliar el sueño y me pongo a escribir. El motivo de mi aflicción es que me he encontrado con otro tipo, otro patrón de iglesia: las que se encuentran en una situación de colapso. Se las distingue porque, como las ‘supernovas’, liberan gran cantidad (y calidad) de energía. Cada vez son menos en número y cada vez son más los asientos vacíos. Los fieles que van quedando en lugar de ser una familia, como hermanos, han pasado a ser primos lejanos. Éstos ya no esperan a que el culto termine, se van antes.

Como las ‘supernovas’, en su núcleo, en su interior, ya no se desarrollan las reacciones espirituales que la Palabra de Dios demanda y, por tanto, terminan colapsando y expulsando buena parte del componente espiritual de las que están constituidas. Tienden a rendirse y concluyen arriando la bandera de 2 de Timoteo 3:16-17: “Toda la Escritura es inspirada por Dios, y útil para enseñar, para redargüir, para corregir, para instruir en justicia, a fin de que el hombre de Dios sea perfecto, enteramente preparado para toda buena obra” para izar otra muy diferente, la de Jueces 21:25: “… cada uno hacía lo que bien le parecía”.

Hoy más que nunca pido oración para éstos también mis hermanos en la fe en Cristo. Tanto pública como privada, tanto en voz alta como en silencio, tanto individual como colectiva, para que Dios no quite el candelero de su lugar y no se cumpla nunca el mensaje a la iglesia de Sardis: “pues tienen nombre de que viven, pero están muertos” (Apocalipsis 3:2).

Son más de las seis de la mañana, intento recomponerme para ir un día más a mi jornada laboral. Lágrimas de mis ojos caen…

 

D. I. E

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