Estos que trastornan el mundo entero

Los cristianos somos llamados a trastornar el mundo entero a través de un gran mensaje.
 
Me gustaría presentarles brevemente a unas personas que, muy posiblemente, sean anónimas para todos nosotros pero que, con sus decisiones, valentía, resolución, entereza y osadía, posiblemente y de alguna manera, cambiaron la forma de vivir en nuestro mundo.
 
Rosa Parks. El 1 de diciembre de 1955 tomó un autobús para volver a su casa. En esa época los vehículos estaban señalizados con una línea: los blancos delante y los negros detrás. Así, la gente de color subía al autobús, pagaba al conductor, se bajaba y subía de nuevo por la puerta trasera. Fue arrestada por negarse a ceder su asiento a una persona blanca. Su encarcelamiento sirvió para que un Pr. Bautista –Martin Luther King– se interesara por su causa y se iniciaran más protestas contra la segregación racial. En 1956 el caso llegó hasta la Corte Suprema de los EE.UU. que declaró inconstitucional la segregación en el transporte.
 
Tommie Smith y John Carlos. En 1968 dos atletas afroamericanos, Tommie Smith y John Carlos, consiguieron medalla de oro y de bronce, respectivamente, en los 200 m. de los Juegos Olímpicos celebrados en México. Cuando empezó a sonar el himno estadounidense, cerraron los ojos, bajaron la cabeza y alzaron sus puños al cielo. Una señal de protesta silenciosa por los derechos civiles de los negros en EEUU. Al terminar fueron abucheados por la multitud. Smith dijo después: “Si gano, soy americano; si pierdo soy un negro”. El tradicional ‘Black Power’ se hacía con la mano derecha. John Carlos lo hizo elevando su mano izquierda. Esto fue porque se le olvidaron sus guantes en la Villa Olímpica y, otro compañero, el australiano Peter Norman, sugirió que se pusiera el guante izquierdo de Tommie Smith. Este acto de valentía les costó su puesto en el equipo olímpico, y sufrieron abusos y amenazas de muerte por ello. 37 años después fueron homenajeados.
 
 
Kathrine Switzer. Año 1967. A las mujeres se les tenía prohibido correr una maratón, como otras tantas cosas. Se inscribió solo con sus iniciales para que no supieran que era una mujer. Cuando uno de los directores de la competición se dio cuenta salió detrás de ella para evitar que siguiera corriendo. Le dijo “¡Sal de mi carrera y devuélveme el dorsal!”. Quiso demostrar que una mujer también estaba preparada para correr una maratón. Cinco años más tarde, en 1972 se permitió oficialmente a las mujeres competir en la Maratón de Boston.
 
 
 
El hombre contra los tanques. Año 1989. En una revuelta estudiantil, la dictadura china comienza a matar a su propia gente. El delito de las víctimas: haber osado enarbolar la bandera de la libertad y la justicia. Un hombre con pantalón negro, camisa blanca y dos bolsas de plástico en la mano, como si viniera de hacer la compra, se pone delante de una fila de tanques que trata de avanzar por la avenida principal de la ciudad, logrando así frenar su avance. Pero, ¿quién es? Nadie lo sabe. Han pasado 29 años y sigue siendo simplemente el ‘hombre del tanque’, ‘el héroe de Tiananmen’. Si está vivo, que lo dudo, fue uno de los ‘100 personajes más influyentes del siglo XX’. Pero no ha aparecido para reclamar su premio o recibir los aplausos ¡Cómo me gustaría preguntarle qué se siente cuando se actúa convencido de que un principio está por encima de la vida propia!
No sé si estas personas eran creyentes o no. Lo que si sé es que tenían el carácter y la actitud de Cristo: fueron de “digno comportamiento, de firme convicción y en nada intimidados por los que se le oponían” (Fil 1:27-28). Y con ese talante, con esa conducta lograron trastornar el mundo. En la Biblia también hay numerosos ejemplos de personas que hicieron este tipo de ‘locuras’ respecto a la persona de Cristo. Tenían fe, principios, eran convencidos y apasionados por Jesús:
 
Valentía y fe de Pedro. Jesús anda sobre el mar (Mt 14:22-33). Cuando los discípulos vieron a Jesús andando sobre el mar muchos pensaron que se trataba de un fantasma, tenían miedo. En ese momento Jesús les dijo: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!” En medio de la noche, las olas y el fuerte viento, Pedro descendió de la barca y anduvo sobre las aguas para ir a Jesús. ¡Qué locura! Aunque luego dudó y comenzó a hundirse y a gritar “Señor, sálvame”. Pedro experimentó el sustento y el poder divino de Cristo.
 
Humildad y fe de la mujer cananea (Mt 15:21-28). Los judíos lo tenían todo: el Templo, la Ley, el Mesías… pero no tenían fe. En cambio, esta mujer extranjera no tenía nada… Bueno sí: un gran problema, una hija gravemente atormentada por un demonio y una gran fe en el Señor. “Señor, socórreme”. Jesús, posiblemente cansado ya ese día de ministrar y hacer milagros a la gente, intenta quitársela de encima: “Mujer, tú eres una extraña, una pagana, una intrusa… yo solo he venido a los míos, a mi pueblo, a los de Israel. ¿Cómo voy a quitar la comida a los míos y dártela a ti, forastera?”. Pero esta mujer anónima (no sabemos su nombre, ni el de su hija) le ‘gana la partida al mismo Señor’: “Me conformo con tus migajas, Señor. Me conformo con tus restos, con lo que te sobra, Señor”. Gracias a su fe y su humildad, esta mujer pudo comprobar el poder y la sanidad de Cristo.
 
Persistencia y fe de un paralítico (Mr 2:1-12). ¡Esta escena es para vivirla! Jesús estaba enseñando en una casa de Capernaúm. La casa estaba a reventar, no cabía ni un alfiler. Vienen a Él cuatro personas cargando con un paralítico para que le sanase. Y como no pueden entrar a causa de la multitud, no se les ocurre otra cosa que abrir un agujero en el techo de la casa y bajar por ahí al paralítico con su cama y todo. ¡Qué locura! ¡Qué determinación y pasión por Jesús! Gracias a la cooperación y tenacidad de éstos cinco hombres, el paralítico fue sanado y sus pecados perdonados. Y, además, todos los que estaban allí quedaron maravillados, diciendo: “Nunca hemos visto tal cosa”.
 
Comportamiento de Pablo y Silas. Carcelero de Filipos (Hch 16:16-33). Pablo y Silas fueron encarcelados por alborotar la ciudad, por “ser siervos del Dios Altísimo y anunciar el camino de salvación”. Fueron azotados y encarcelados en el calabozo de más adentro con cepos y cadenas en los pies. Sin embargo, ellos oraban y cantaban himnos. Todos podían escucharlos. Hubo un terremoto y todas las puertas y cadenas se abrieron y se soltaron los cepos. El carcelero, creyendo que los presos habían huido quiso suicidarse para no ser castigado y ser muerto por sus superiores. Pero Pablo y Silas no huyeron, sino que permanecieron allí dando testimonio de su fe y su convicción, pues no habían hecho ningún mal. Ante tal prueba de fe, el carcelero solo pudo arrodillarse y preguntar: “¿Qué debo hacer para ser salvo?… Cree en el Señor Jesucristo”. Allí mismo fue bautizado el carcelero y los suyos. Gracias al proceder y a la valiente conducta de Pablo y Silas, el carcelero pudo experimentar la salvación de Cristo.
 
Como ellos, somos llamados a “trastornar el mundo entero” a través de un gran mensaje (Hch 17:6). Ahí está, un poco antes, en Hechos 17:3, “declarando y exponiendo por medio de las Escrituras, que era necesario que el Cristo padeciese, y resucitase de los muertos; y que Jesús, a quien yo os anuncio, es el Cristo”.
 
Hoy más que nunca debemos tener la valentía y la fe de Pedro porque oiremos las palabras de Jesús: “¡Tened ánimo; yo soy, no temáis!”.
Hoy más que nunca debemos tener la humildad y la fe de la mujer cananea: “Señor, socórreme”. Me conformo con tus migajas. Yo lo quiero TODO del Señor, pero muchas veces nos tendremos que conformar con sus –benditas– migajas.
Hoy más que nunca necesitamos de la persistencia, de la tenacidad y de la fe del paralítico. De esta manera podemos mostrarles a los demás lo que Dios ha hecho por nosotros. Y exclamarán: “Nunca hemos visto tal cosa”. Por último, hoy más que nunca necesitamos de la osadía de Pablo y Silas para que la gente pueda arrodillarse en el nombre de Jesús y nos puedan preguntar: “¿Qué debo hacer para ser salvo?” Y podamos responder: “Cree en el Señor Jesucristo”.
 

D.I.E.

 
 
 
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