Numismática

En los libros más antiguos de la Biblia no se menciona ninguna moneda. ¿Con qué se pagaban las transacciones, entonces? Con artículos o elementos diversos, principalmente el oro y la plata, los que se calculaban según su peso.
El primer personaje bíblico que se menciona haciendo una compra y pagando por ella es Abraham, el día que falleció su esposa, Sara. Según Génesis 23:14-16, Abraham adquirió un terreno para poder sepultarla, y pagó por él a Efrén, el hitita, 400 siclos de plata.
El SICLO (en hebreo “shékel”, del verbo shakál = pesar, pagar) era la unidad de peso, y equivalía a unos 12 gramos. O sea que, por el terreno, Abraham pagó casi 5 kilos de plata.
Otra medida antigua de peso mencionada en la Biblia, es la MINA. Ésta equivalía a 60 siclos, y por lo tanto pesaba unos 720 gramos. Así, por ejemplo, cuando los judíos regresaron del destierro de Babilonia (cautivos de Nabucodonosor), un grupo de repatriados donó para reconstruir el Templo 5000 minas de plata, o sea, 3600 kilos de ese metal. Los cabezas de familias dieron para el tesoro de la obra: 20.000 dracmas de oro (aproximadamente 144 kilos de dicho metal) y 2.200 libras de plata (unos 1.254 kilos de ese metal, estimativamente) (Nehemías 7:71), lo que está demostrando cómo se habían enriquecido los judíos en su cautiverio en Babilonia.
Una tercera medida de peso era el TALENTO, que equivalía a 60 minas, o sea, 43 kilos.
En la Biblia, el rey Ezequías de Jerusalén, cuando fue invadido por los asirios, debió pagar al rey Senaquerib: 300 talentos de plata y 30 talentos de oro (2 Reyes 18:14), es decir, 12.900 kilos de plata y 1290 kilos de oro.
Este método de pagar las compras o indemnizaciones de guerra, con metales u otros artículos tampoco era sencillo, porque una vez terminadas las ventas, no resultaba fácil acarrear tales pesos.

Jesús conocía muy bien las monedas de su tiempo, y también sus valores. Ejemplo de ello los hallamos en los Evangelios que nos cuentan que sabía cuánto era el sueldo de un obrero (Mateo 20:2-14), el precio de una habitación en una posada (Lucas 10:35), el castigo de prisión por deudas (Mateo 5:25-26), el monto de los impuestos (Lc 20:24), o el pago del arancel al Templo (Mateo 17:27). Conocía incluso la institución bancaria, como se ve en una de sus parábolas en la que reprocha a un servidor el no haber puesto el dinero en un banco para retirarlo después con intereses (Mateo 25:27).
Sin embargo, ¿Cuáles son las monedas que alcanzó a conocer Jesús?
Durante siglos, la humanidad compró, vendió y comerció sin dinero, pero ¿cómo lo hacía? Mediante el sistema de trueque, es decir, cambiando una mercancía por otra. Pero era una operatoria incómoda, y a veces difícil de concretar.

En el siglo VII a.C., el inconveniente del “trueque” de objetos fue superado gracias a la invención de la moneda. Efectivamente, un rey llamado Giges, de Lidia (actual Turquía), tuvo la formidable idea de hacer fundir el metal en pequeñas piezas, con la constancia de su peso o cuño. Como su reino era muy rico, y con muchas minas de oro, sus metalúrgicos pudieron transformar el metal en discos y alrededor del año 680 a.C., nacieron las primeras monedas de la historia, en la ciudad de Sardes, capital del reino de Lidia. Eran de un metal llamado “electón” (mezcla natural de oro y plata) y tenían acuñada de un solo lado (anverso) la cara de un león.

Moneda lidia de electro de comienzos del siglo VI a. C. (valor un tercio de estátero).

El éxito de la moneda fue sin precedentes y cien años más tarde, hacia 550 a.C., otro rey de Lidia llamado Creso emitió una nueva moneda, el ESTÁTERO, (griego: στατήρ, literalmente “peso”) fue una antigua moneda de electro, una aleación de oro y plata, utilizada en varias regiones de Grecia, la primera del mundo en llevar un sello real en su reverso. Era de oro puro, y tenía de un lado un león rugiente, y del otro la mencionada marca del rey. Los estateros de oro más conocidos son los cicenos de 28 dracmas de Cícico, y los estateros de oro acuñados en Galia que los jefes galos diseñaron utilizando el modelo de los de Filipo II de Macedonia, que los mercenarios habían llevado consigo a Occidente luego de servir en sus ejércitos, o aquéllos de Alejandro Magno y sus sucesores.

Anverso y reverso de un dárico doble, 330-300 a. C.

En el año 546 a.C. los persas invadieron el reino de Lidia, y hallaron las monedas. Ello los motivó a que decidieran fabricarlas. El primer rey persa que las acuñó fue Darío I “el Grande”, hacia el 510 a.C., y las llamó DÁRICO en honor a su nombre. Eran de oro, pesaban 7 gramos y tenían de un lado la figura del rey con un arco (anverso) y del otro el sello real. Darío impuso su sistema monetario en todo el imperio y como Jerusalén pertenecía al imperio persa (desde el 589 a.C.), estas monedas fueron las primeras que circularon por dicho territorio. El dárico fue finalmente reemplazado por los estáteros Niké luego de la conquista de Alejandro Magno.

Por tanto, la primera moneda mencionada en la Biblia es el “dárico”. Aparece en el libro de Crónicas, cuando el rey David recibe de los israelitas, como donación para el Templo, 10.000 dáricos (1 Crónicas 29:7), pero esto era un anacronismo, por cuanto en la
época del rey David (siglo X a.C.) no existía el dárico, ni se había inventado siquiera la moneda, pero como el autor del libro de Crónicas, que escribe hacia el año 400 a.C., es la única moneda que conoce en esa época, la menciona en el pasaje bíblico.

LAS MONEDAS EVANGÉLICAS
En el año 63 a.C., Jerusalén fue conquistada por Roma. De ese modo comenzaron a circular también las monedas romanas. La principal era el DENARIO. Le seguían el SESTERCIO (1/4 de denario), el DUPONDIO (1/8), el AS (1/16), el SEMIS (1/32), el CUADRANTE (1/64) y el LEPTÓN o BLANCA (1/128). Finalmente algunos gobernantes judíos emitieron también monedas. El primero en hacerlo fue Juan Hircano I (134-104 a.C.), alrededor del año 110 a.C. Luego lo hizo su sucesor, Alejandro Janeo (103-76 a.C.). A éste se le ocurrió escribir en ellas “Jonatán Rey”, con lo que fue el primer monarca de la historia de Israel cuyo nombre figuró en una moneda.

Es decir, que en la época de Jesús circulaban en Israel principalmente tres tipos de monedas:
1. Las romanas (imperiales)
2. Las griegas (provinciales)
3. Las judías (locales, monedas de cuenta, fabricadas en Cesarea).
De todas ellas, el Nuevo Testamento menciona únicamente siete, de las cuales tres son griegas (la dracma, el didracma y el estáter) y cuatro romanas (el denario, el as, el cuadrante y el leptón o blanca).

Dracma de Lucania, ca. 535–510 a.C.

DRACMA (en griego antiguo δραχμῆ, drakhmế, «empuñar, agarrar») era el nombre de una antigua moneda de las ciudades-estado griegas y los reinos helenísticos de Asia. La dracma aparece sólo en la parábola de la mujer que tenía 10 dracmas y pierde una (Lucas 15,8-10). También el DIDRACMA y el ESTÁTER se mencionan una sola vez, en el mismo episodio: cuando las autoridades religiosas preguntan a Pedro si Jesús pagaba el impuesto al Templo, que era de un didracma (Mateo 17:24-27).

Arriba: c. 157 a. C. República Romana, c. AD 73 Tito Flavio Vespasiano, c. 161 Marco Aurelio, c. 194 Septimio Severo; Abajo: c. 199 Caracalla, c. 200 Julia Domna, c. 219 Heliogábalo, c. 236 Maximino el Tracio.

El DENARIO (lat. denarius, plural: denarii, «decena») fue una antigua moneda romana de plata acuñada aproximadamente entre 268 a. C. y 360. Su valor inicial equivalía a 10 ases, de ahí su nombre y su símbolo: “X”. De las cuatro monedas romanas, la que más veces se menciona en los Evangelios es el denario. Aparece en la parábola de los trabajadores de la viña (Mateo 20:1-16). También aparece en la primera multiplicación de los panes (Marcos 6:37; Juan 6:7). El denario vuelve a mencionarse en la parábola de los dos deudores (Lucas 7:41). Igualmente figura en la parábola del buen samaritano (Lucas 10:35). El denario es también la moneda que los fariseos le mostraron a Jesús, cuando quisieron tenderle una trampa y le preguntaron si era lícito o no pagar el impuesto a Roma (Marcos 12:15). El denario tenía de un lado (anverso) la imagen del emperador Tiberio, con la inscripción “Tiberio César Augusto hijo del divino Augusto”, y del otro (reverso) la figura de la diosa Paz sentada.

As romano

Con el nombre AS (del griego, eis, uno o del latín aes, bronce) se conocen las monedas primitivas de los romanos y las que a ellas siguieron como unidades monetarias de bronce. Equivalía a una 16ª parte del denario. Sólo aparece en un sermón de Jesús, cuando enseña a sus discípulos a confiar en la providencia, y les dice: “¿No se venden acaso dos pajaritos por un as? Y ni uno solo de ellos cae por tierra sin el Padre” (Mateo 10:29). El Evangelio de Lucas
transmite esta frase de una manera diferente (Lucas 12:6).

Cuadrante romano.

El CUADRANTE valía una 64ª parte del denario. Se lo cita en el sermón de la montaña (Mateo 5:26). El quadrans o cuadrante era una moneda romana de cobre, antes llamada Triuncis, porque constaba de tres onzas, cuarta parte del as. Normalmente, su sello se componía por una parte de la cabeza de Jano bifronte, y por la otra una barca o nave pequeña, por lo qual se les decía Ratites y en algunas se divisan tres puntos redondos para denotar las tres onzas de su peso. Pero son ya pocas las que se hallan de esta especie.

Leptón, Poncio Pilatos.

El LEPTÓN (del griego λεπτός «delgado, fino») o BLANCA, la más insignificante de las monedas romanas: valía una 128ª parte del denario. Aparece en la escena de la pobre viuda, que al dar limosna en el Templo puso en la alcancía dos leptones (Marcos 12:42; Lucas 21:2).

 

También en la época de Jesús había dos “monedas” que, aunque no estaban acuñadas y no existían realmente, se las empleaba de manera teórica o simbólica para indicar grandes cantidades de dinero.
Una era el TALENTO, palabra que aludía a la antigua medida de peso. Se la usaba para indicar 6.000 denarios. El talento aparece dos veces en los Evangelios. La primera, en la parábola del rey que perdona a su siervo 10.000 talentos, y después éste no quiere perdonar a un compañero 100 denarios (Mateo 25:14-30). La segunda mención está en la parábola de los talentos (Mateo 25:14-30).
La otra “moneda” usada para expresar grandes cantidades era la MINA. Equivalía a 100 dracmas, y sólo aparece en la versión de Lucas de la parábola de los talentos (Lucas 19:13-25).