Atenas

Uno de los centros culturales más grandes en la época de Pablo, creció alrededor de una meseta pedregosa de 163 metros de altura, llamada la Acrópolis. Aquí estuvo el Partenón, la famosa maravilla arquitectónica de muchas columnas y tantos otros edificios sagrados.

Al norte de la Acrópolis estaba la plaza del mercado conocida como Agora, donde la gente no solo comerciaba, sino que se reunía y discutía asuntos de interés. Hacia el noroeste de la Acrópolis se extendía sobre un nivel un poco más bajo, una colina pedregosa llamada el Areópago, o la colina de Marte, donde se reunían los concilios y el tribunal supremo. Pablo conocía estos famosos lugares muy bien. Pablo se situó en medio de la colina de Marte y dió uno de los mensajes más dinámicos de todos los tiempos. Algunos se burlaban, otros quedaron profundamente impresionados y otros se convirtieron:

“Mientras Pablo los esperaba en Atenas, su espíritu se enardecía viendo la ciudad entregada a la idolatría. Así que discutía en la sinagoga con los judíos y piadosos, y en la plaza cada día con los que concurrían. Y algunos filósofos de los epicúreos y de los estoicos disputaban con él; y unos decían: ¿Qué querrá decir este palabrero? Y otros: Parece que es predicador de nuevos dioses; porque les predicaba el evangelio de Jesús, y de la resurrección. Y tomándole, le trajeron al Areópago, diciendo: ¿Podremos saber qué es esta nueva enseñanza de que hablas?. Pues traes a nuestros oídos cosas extrañas. Queremos, pues, saber qué quiere decir esto. (Porque todos los atenienses y los extranjeros residentes allí, en ninguna otra cosa se interesaban sino en decir o en oír algo nuevo). Entonces Pablo, puesto en pie en medio del Areópago, dijo: Varones atenienses, en todo observo que sois muy religiosos; porque pasando y mirando vuestros santuarios, hallé también un altar en el cual estaba esta inscripción: AL DIOS NO CONOCIDO. Al que vosotros adoráis, pues, sin conocerle, es a quien yo os anuncio. El Dios que hizo el mundo y todas las cosas que en él hay, siendo Señor del cielo y de la tierra, no habita en templos hechos por manos humanas, ni es honrado por manos de hombres, como si necesitase de algo; pues él es quien da a todos vida y aliento y todas las cosas. Y de una sangre ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra; y les ha prefijado el orden de los tiempos, y los límites de su habitación; para que busquen a Dios, si en alguna manera, palpando, puedan hallarle, aunque ciertamente no está lejos de cada uno de nosotros. Porque en él vivimos, y nos movemos, y somos; como algunos de vuestros propios poetas también han dicho: Porque linaje suyo somos. Siendo, pues, linaje de Dios, no debemos pensar que la Divinidad sea semejante a oro, o plata, o piedra, escultura de arte y de imaginación de hombres. Pero Dios, habiendo pasado por alto los tiempos de esta ignorancia, ahora manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan; por cuanto ha establecido un día en el cual juzgará al mundo con justicia, por aquel varón a quien designó, dando fe a todos con haberle levantado de los muertos. Pero cuando oyeron lo de la resurrección de los muertos, unos se burlaban, y otros decían: Ya te oiremos acerca de esto otra vez. Y así Pablo salió de en medio de ellos. Mas algunos creyeron, juntándose con él; entre los cuales estaba Dionisio el areopagita, una mujer llamada Dámaris, y otros con ellos”. (Hechos 17:16-34)

Los treinta y cinco escalones de piedra tallados en la roca que llevan a la parte de arriba de la colina de Marte y los indicios de un altar y de muchos bancos de piedra en la cima de la colina son visibles hoy. Miles de turistas de todas partes del mundo suben por estos escalones, y cuando se situan en la colina de Marte, se sienten conmovidos por las palabras, así como por el espíritu y el poder del discurso de Pablo.

Aún nadie ha encontrado en Atenas vestigios de la inscripción del altar, “Al Dios desconocido”, al que se refirió Pablo. Sin embargo, se encontró una inscripción idéntica en otro altar en 1903, durante las excavaciones de la ciudad de Pérgamo.