Belén

La ciudad de David, esta ubicada a 8 kilometros al sur de Jerusalén. Allí fue donde: Raquel fue sepultada, Rut espigaba en los campos de Booz, David fue ungido como rey, Cristo nació en un pesebre y adonde los magos vinieron del oriente a buscar al Salvador.

“Y tú, Belén , de la tierra de Judá, No eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un guiador, Que apacentará a mi pueblo Israel”. (Mateo 2:6)

La tumba de Raquel se encuentra actualmente al lado de la carretera, a la entrada de la ciudad. Es venerada por judíos, cristianos y musulmanes, y se considera como uno de los escenarios más autenticos de la Tierra Santa.

La iglesia de la Natividad fue edificada por Elena, madre del emperador Constantino, durante los años 328-330 d.C. sobre el lugar tradicional. En esa época, así como ahora, se creía que éste era el lugar del nacimiento de Cristo. El emperador Justiniano (527-565 d.C.) reconstruyó la iglesia en el siglo sexto. Esta iglesia aún permanece en pie en Belén, aunque en mal estado. En 1934, William Harvey llevó a cabo unas cuantas excavaciones y, a unos 46 centímetros por debajo del suelo de la iglesia actual, descubrió porciones del piso de mosaico de la iglesia original que habían construido Elena y Constantino. No se usaron escenas religiosas en estas decoraciones ya que se caminaba sobre ellas.

Debajo del área del coro, 6 metros por debajo del nivel del suelo, en el extremo oriental de la iglesia, hay un tramo de escalones que conduce hasta la Gruta de la Natividad. Esta capilla en forma de cueva mide 4 por 13 metros. Las paredes estan completamente cubierta de tapices, y el techo esta adornado de bellas luces. En el extremo oriental de la capilla hay una pequeña cripta en cuyo piso de mármol hay incrustada una estrella bermellón de plata iluminada por 16 lámparas de plata y rodeada por una inscripción sencilla en latín que anuncia el más grande evento de todoa la historia: “Aquí nació Jesucristo, de la Virgen María”. Cerca de allí hay un pesebre que completa el marco de esa profunda afirmación: “Y ella dio a luz a su hijo primogénito, y lo envolvió en pañales, y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón” (Lucas 2:7).