Capernaum

Significa “ciudad de Nahum” o “ciudad de consuelo”, estaba situada en la costa noroeste del mar de Galilea, en un lugar llamado Tell Hum. Era el primer centro comercial y social de esta región durante el ministerio de Jesús. Aquí se recolectaban los impuestos de aduana y se encontraba una guarnición romana. Jesús vino a este lugar después de salir de Nazaret, y la casa de Pedro llegó a ser su casa.

Cristo profetizó la caida de Capernaum, y actualmente, sus montones esparcidos de piedra de basalto negro se extienden por un kilómetro y medio a lo largo de la costa del mar. Los más importantes de estos son las ruinas de una estructura de forma octagonal, que se señala ahora como la casa de Pedro y las ruinas de una de las mejores sinagogas de Galilea.

Todo el trabajo de excavación en este lugar se ha limitado a la sinagoga. Esta era una estructura de dos pisos con un tejado de dos aguas de 18 x 24 mt. orientada hacia Jerusalén. Hacia su costado oriental, se encontraba un atrio provisto de pórticos. La sinagoga misma estaba edificada de piedra caliza blanca, y en su interior había una hilera de columnas a cada lado, que estabilizaba el edificio y que hacía posible que hubieran balcones en el segundo piso para las mujeres que asistían al culto.

Las decoraciones en el friso interior, en la cornisa y en los dinteles de las puertas de esta sinagoga son de gran variedad. Incluyen semejanzas de plantas, de animales, de pájaros y de criaturas mitológicas, así como de diseños geométricos. Allí se encuentran los símbolos tradicionales sagrados de los judíos, tales como el candelero de siete brazos (menorah) y la estrella de seis puntas (Magen David).

En el friso hay un relieve que representa claramente el arca del pacto, que iba delante del pueblo de Israel durante su recorrido por el desierto. En una de las columnas de piedra caliza blanca hay una inscripción en Arameo que dice: “HLPW, hijo de Zebida, hijo de Johanán, hizo esta columna. Que sea bendito”. Estos nombres pueden corresponder a Alfeo, a Zebedeo y a Juan, mencionados en el Nuevo Testamento en la lista de los discípulos de Jesús y de sus familias (Marcos 3:17-18). En la acualidad recibe el nombre de Ain et-Tabighah.

En Capernaum Jesús sanó al ciervo de un centurión:

“Entrando Jesús en Capernaum, vino a él un centurión, rogándole, y diciendo: Señor, mi criado está postrado en casa, paralítico, gravemente atormentado. Y Jesús le dijo: Yo iré y le sanaré. Respondió el centurión y dijo: Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Porque también yo soy hombre bajo autoridad, y tengo bajo mis órdenes soldados; y digo a éste: Ve, y va; y al otro: Ven, y viene; y a mi siervo: Haz esto, y lo hace. Al oírlo Jesús, se maravilló, y dijo a los que le seguían: De cierto os digo, que ni aun en Israel he hallado tanta fe. Y os digo que vendrán muchos del oriente y del occidente, y se sentarán con Abraham e Isaac y Jacob en el reino de los cielos; mas los hijos del reino serán echados a las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Entonces Jesús dijo al centurión: Ve, y como creíste, te sea hecho. Y su criado fue sanado en aquella misma hora”. (Mateo 8:5-13 y Lucas 7:1-10)

Como decíamos antes, Jesús profetizó la destrucción de Capernaum:

“Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para Tiro y para Sidón, que para vosotras. Y tú, Capernaum, que eres levantada hasta el cielo, hasta el Hades serás abatida; porque si en Sodoma se hubieran hecho los milagros que han sido hechos en ti, habría permanecido hasta el día de hoy. Por tanto os digo que en el día del juicio, será más tolerable el castigo para la tierra de Sodoma, que para ti”. (Mateo 11:22-24)

También Jesús sanó en esta ciudad a un endemoniado:

” Y entraron en Capernaum; y los días de reposo, entrando en la sinagoga, enseñaba. Y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas. Pero había en la sinagoga de ellos un hombre con espíritu inmundo, que dio voces, diciendo: !!Ah! ¿qué tienes con nosotros, Jesús nazareno? ¿Has venido para destruirnos? Sé quién eres, el Santo de Dios. Pero Jesús le reprendió, diciendo: !!Cállate, y sal de él! Y el espíritu inmundo, sacudiéndole con violencia, y clamando a gran voz, salió de él. Y todos se asombraron, de tal manera que discutían entre sí, diciendo: ¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es esta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? Y muy pronto se difundió su fama por toda la provincia alrededor de Galilea”. (Marcos 1:21-28 y Lucas 4:31-37)

En este lugar Jesús sano a un paralitico:

“Entró Jesús otra vez en Capernaum después de algunos días; y se oyó que estaba en casa. E inmediatamente se juntaron muchos, de manera que ya no cabían ni aun a la puerta; y les predicaba la palabra. Entonces vinieron a él unos trayendo un paralítico, que era cargado por cuatro. Y como no podían acercarse a él a causa de la multitud, descubrieron el techo de donde estaba, y haciendo una abertura, bajaron el lecho en que yacía el paralítico. Al ver Jesús la fe de ellos, dijo al paralítico: Hijo, tus pecados te son perdonados. Estaban allí sentados algunos de los escribas, los cuales cavilaban en sus corazones: ¿Por qué habla éste así? Blasfemias dice. ¿Quién puede perdonar pecados, sino sólo Dios? Y conociendo luego Jesús en su espíritu que cavilaban de esta manera dentro de sí mismos, les dijo: ¿Por qué caviláis así en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil, decir al paralítico: Tus pecados te son perdonados, o decirle: Levántate, toma tu lecho y anda? Pues para que sepáis que el Hijo del Hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados (dijo al paralítico): A ti te digo: Levántate, toma tu lecho, y vete a tu casa. Entonces él se levantó en seguida, y tomando su lecho, salió delante de todos, de manera que todos se asombraron, y glorificaron a Dios, diciendo: Nunca hemos visto tal cosa”. (Marcos 2:1-12; Mateo 9:1-8 y Lucas 5:17-26)

En Capernaum también tuvo lugar el episodio del pago del impuesto del Templo (Mateo 17:24-27); Jesús sanó de fiebre a la suegra de Pedro (Mateo 8:14-17); Jesús preguntó a sus discípulos ¿Quién es el mayor? (Marcos 9:33-37) …