Cesarea de Filipo

Ciudad que Felipe el Tetrarca agrandó y cambió de nombre en honor al emperador romano. Estaba situada al pie del monte Hermón y es uno de los sitios más hermosos de toda la Tierra Santa con un arroyo resplandeciente y una cueva en la base de un gran precipicio. En tiempos del Antiguo Testamento la ciudad tenía un altar dedicado a Baal (dios de los cananeos), más tarde los griegos construyeron un altar a Pan (dios de la naturaleza) y llamaron Panias al lugar.

En el año 20 a.C., Herodes el Grande construyó allí un templo blanco de mármol, y lo dedicó a Augusto Cesar. Cuando Herodes murió, la ciudad quedó en manos de su hijo, Herodes Filipo, quién la amplió y la embelleció, y la llamó Cesarea de Filipo, para hallar gracia delante de su emperador, Tiberio Cesar, y para distinguirla de la capital y puerto marino más conocido de Cesarea que quedaba en la costa.

En la época medieval, sobre el año 1120 d.C, los cruzados construyeron allí un castillo, en una ramificación de una montaña, cerca de 350 m. sobre el manantial, y lo llamaron “el castillo de Subeibe”, rodeado de muros de 3 m. de espesor y 30 m. de altura, y sostenido por numerosas torres redondas. El interior de la fortaleza es una superficie desnivelada donde se encuentran diseminadas casas, cisternas, paredes y patios. En la actualidad, se encuentran trozos de de piedra de las edificaciones, pedazos de columnas rotas y arcos a medio enterrar. En la parte delantera del gran precipicio, alrededor de la gruta, de donde sale el arroyo, se encuentran varios nichos, y una inscripción griega que dice: “Pan y sus ninfas rondan por este lugar”.

También se han encontrado muchas monedas. Una de ellas tiene dibujada la siringa o zampoña de Pan; en otra Pan se encuentra apoyado sobre un árbol tocando su flauta; en una tercera se muestra la boca de la caverna y en una cuarta moneda está el nombre de la ciudad: “Caesarea-Paneio”.

Fue en este lugar de belleza natural donde Jesús llevó a sus discipulos para tener un breve período de descanso y donde Pedro declaró que Jesús era el Mesías:

“Viniendo Jesús a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos, diciendo: ¿Quién dicen los hombres que es el Hijo del Hombre? Ellos dijeron: Unos, Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, Jeremías, o alguno de los profetas. El les dijo: Y vosotros, ¿quién decís que soy yo? Respondiendo Simón Pedro, dijo: Tú eres el Cristo, el Hijo del Dios viviente. Entonces le respondió Jesús: Bienaventurado eres, Simón, hijo de Jonás, porque no te lo reveló carne ni sangre, sino mi Padre que está en los cielos. Y yo también te digo, que tú eres Pedro, y sobre esta roca edificaré mi iglesia; y las puertas del Hades no prevalecerán contra ella. Y a ti te daré las llaves del reino de los cielos; y todo lo que atares en la tierra será atado en los cielos; y todo lo que desatares en la tierra será desatado en los cielos”. (Mateo 16:13-19; Marcos 8:27-30; Lucas 9:18-21)