Colosas

Estaba situada en el valle Licos, 18 Km. al este de Laodicea, sobre el río Licos en Frigia, Asía Menor. Por estar ubicada en la ruta comercial este-oeste de Efeso al Eufrates, fue no solo prominente sino próspera hasta el siglo VIII d.C., cuando se llevó a cabo un cambio en el sistema de carreteras que favoreció a Laodicea y Hierápolis. Los turcos destruyeron Colosas en el siglo XII, dejándola en ruinas.

En religión la iglesia primitiva se hizo muy relajada. Por un lado ellos daban gusto a sus apetitos corporales y carnales sin restricción, sin admitir responsabilidad por sus acciones. Por el otro lado se castigaban por varias prácticas ascéticas en la esperanza de salvar el cuerpo, el cual pensaban ellos que era impío. Su adoración era en particular una adoración de ángeles, con Miguel como la deidad principal, y que protegía la ciudad. Esta condición religiosa hizo que Pablo escribiese la carta a los Colosenses (Colosenses 2:18).

Pablo nunca visitó Colosas en el momento en que compuso esta carta, pero el insinúa que Epafras fundó la iglesia, junto con las de Laodicea y Hierápolis (Colosenses 1:7-8; 4:12-13).  Esto ocurrió probablemente durante el tercer viaje misionero de Pablo cuando él predicó en Éfeso por dos años, “de modo que todos los judíos y los griegos que vivían en la provincia de Asia llegaron a escuchar la palabra del Señor” (Hechos 19:10).

En 1835, William J. Hamilton identificó y exploró las ruinas de la ciudad. Observó muchas columnas de mármol, un teatro en ruinas y el cementerio de la ciudad con sus tumbas cavadas en la roca. Los descubrimientos arqueológicos se han limitado a unas cuantas inscripciones, algunas monedas y a una iglesia de la antigüedad. Aún así, dichos descubrimientos dan un mayor significado a la carta de Pablo a los colosenses.

“Pablo, apóstol de Jesucristo por la voluntad de Dios, y el hermano Timoteo, a los santos y fieles hermanos en Cristo que están en Colosas: Gracia y paz sean a vosotros, de Dios nuestro Padre y del Señor Jesucristo” (Colosenses 1:1-2)