Propósito

Todo autor le debe al público lector una explicación de su propósito: El propósito de esta página ha sido intentar transmitir un hecho singular y extraordinario que ocurrió hace aproximadamente unos dos mil años y tratar de aportar evidencias de ello. Un acontecimiento que cambió la forma de pensar, de actuar e incluso, la manera de contar el tiempo.

Hace poco más de dos mil años, en una remota e insignificante procuración romana situada al sur de Palestina llamada Judea, un hombre, judío, llamado Jesús de Nazaret, anunció y difundió grandes ideas y hechos que lo cambió todo y a todos, maravillando su razonamiento. Rompiendo la ortodoxia del momento deslumbró por un argumento mucho más profundo y sustancial: decir que Dios esta con Él, que Él y Dios uno son. Sin hacer ostentación de su poder y cautivando por su enorme amor y la gran bondad que transmitía.

Por otra parte, en los evangelios (Mateo 22:37, Marcos 12:30 y Lucas 10:27) Jesús le dijo a un fariseo que el primer y gran mandamiento es:

“Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente“.

La mente es el nombre más comúnmente dado al entendimiento y la conciencia , que son combinación de capacidades como el raciocinio, la percepción, la emoción, la memoria, la imaginación y la voluntad. Por tanto la fe y el amor también se mueven en el campo de lo racional.

Estoy seguro que Dios  nos va dejando pistas, rastros, señales para llegar con más facilidad a Él, para indicarnos que todo lo que esta revelado en la Biblia es una certeza absoluta, según mi humilde opinión. Cuando Jesús entró en Jerusalén, algunos fariseos le indicaron que callase y reprendiese a sus discípulos, pues comenzaron a alabarle a grandes voces, pero Él respondió con toda propiedad:

“Os digo que si estos callaran, las piedras clamarían” (Lucas 19:40)

El libro más difundido de la humanidad, la Biblia, tiene una finalidad religiosa que fue condicionada por la evolución histórica. Durante siglos se fue redactando y revisando hasta adoptar la forma definitiva que leemos en las ediciones canónicas. Sin embargo, el texto bíblico no está solo en el relato de esa historia: la arqueología y otras muchas fuentes (literarias, numismaticas, etc.) nos hablan del pueblo hebreo y su evolución, de las civilizaciones con las que entraron en contacto y de su modo de vida. Aún así, muchos lugares y gente mencionados en la Biblia no se discuten aquí, y de la mayor parte de los que se mencionan se podría decir mucho más.

“Así, pues, nuestro punto de partida es la figura histórica de Jesús de Nazaret. No hay base razonable para dudar de su existencia. Su historicidad encuentra apoyo en escritores paganos y escritores cristianos. Dígase lo que se diga acerca de él, el hecho es que fue un ser humano en toda la extensión de la palabra. Nació, creció, trabajó y sudó, descansó y durmió, comió y bebió, sufrió y murió como todos los hombres. Tuvo un cuerpo realmente humano y emociones realmente humanas. Pero, ¿podemos creer que también fue en algún sentido “Dios”? ¿No es la deidad de Jesús más bien una pintoresca superstición cristiana? ¿Hay evidencia alguna que apoye la sorprendente afirmación de que el carpintero de Nazaret fue el Hijo unigénito de Dios? Esta pregunta es fundamental. No podemos esquivarla. Tenemos que ser honestos. Si jesús no fue Dios en forma humana entonces el cristianismo está arruinado. Lo que nos queda de él es sólo otra religión con algunas ideas hermosas y una ética noble. Su característica distintiva habrá desaparecido. Sin embargo, hay evidencias de la deidad de Jesús: evidencias buenas, sólidas, históricas y cumulativas; evidencias que la persona honesta, el verdadero amigo de la verdad, puede buscar y puede acatar sin cometer suicidio intelectual. Están las pretensiones de Jesús relativas a sí mismo, tan atrevidas y, sin embargo, tan modestas. Está también su carácter incomparable. Su fortaleza y su gentileza, su rectitud insobornable y su compasión tierna, su cariño por los niños y su amor a los marginados, su dominio de sí mismo y su sacrificio despiertan la admiración de todos. Lo que es más, su muerte vil no fue su fin: se alega que resucitó, y la evidencia de su resurrección es de lo más convincente” (John Stott).

D.I.E