Emaus

Significa “aguas calientes”. Jerónimo la sitúa donde empiezan a elevarse las montañas de Judá. Durante el sitio de Jerusalén por Tito, la 5ª legión romana acampó en sus alrededores. En el siglo III tomó el nombre de Nicópolis (“ciudad de la victoria”) y fue asiento de un obispado.

Se han propuesto tres identificaciones de Emaús:

(1) La moderna villa de ’Amwas (publicación definitiva: H. Vincent and F. M. Abel, Emmaus: sa basilique et son histoire, Librairie Ernest Leroux, Paris, 1932). Sin embargo, estaubicación hubiera requerido que la distancia fuera “160 estadios” los cual es muy dudosa a la luz de las evidencias de los últimos manuscritos.

(2) Una colonia militar de Vespaciano, posiblemente la Kaloniye, del día de hoy, llamada Ammaous por Josefo. La distancia desde Jerusalén es de casi 34 estadios, un poco difícil de concordar con el registro bíblico.

(3) La presente el Kubebe (publicación definitiva: P. B. Bagatti, I Monumenti di Emmaus El-Qubeibeh e dei dintorni, Franciscan Press, Jerusalén, Jordánia, 1947). Los restos aquí son definitivamente del período del Nuevo Testamento y la distancia desde Jerusalén concuerda más o menos bien con el registro de Lucas haciendo esta identificación la preferida.

En el año 1099, los cruzados encontraron un antiguo fuerte romano llamado Castellum Emaús. Cuando los franciscanos erigieron aquí la Iglesia de San Cleofas en 1878, ellos desenterraron las ruinas de una iglesia que se supone fuera de los cruzados.

Un folleto de Sabino de Sandoli, publicado en 1968 y reeditado varias veces, nos dice que, según Eusebio de Cesarea (entre 265-339) citando a Hegesippo (nacido al rededor del 115 en Jerusalén y muerto el 180), Cleofás sería hermano de José, esposo de la virgen María. Lo que hace de él, tío de Jesús. Moriría lapidado en su propia casa por confesar que Jesús era el Mesías anunciado por los profetas. Los evangelistas lo citan por ser uno de los dos discípulos que se encontraron con Jesús en el camino hacia Emaús la tarde de la Resurrección.

El camino a Emaús:

“Dos de ellos iban el mismo día a una aldea llamada Emaús, que estaba a sesenta estadios de Jerusalén. Hablaban entre sí de todas aquellas cosas que habían acontecido. Y sucedió que, mientras hablaban y discutían entre sí, Jesús mismo se acercó y caminaba con ellos. Pero los ojos de ellos estaban velados, para que no lo reconocieran. Él les dijo: –¿Qué pláticas son estas que tenéis entre vosotros mientras camináis, y por qué estáis tristes? Respondiendo uno de ellos, que se llamaba Cleofas, le dijo: –¿Eres tú el único forastero en Jerusalén que no has sabido las cosas que en ella han acontecido en estos días?”. (Lucas 24:13-18)